Te levantas sin ganas, desayunas sin hambre, te vistes sin ánimo, trabajas sin ilusión, caminas sin un destino en mente y acabas en el sofá con los ojos fijos en una pantalla brillante.
No tienes ganas de nada y parece que el mundo no tiene ganas de ti.
Esta situación es especialmente preocupante si los síntomas perduran. Las horas se convierten en días, los días en semanas y las semanas en meses.
Llegados a ese punto, cada vez ves la botella más vacía y puede que te encuentres en la antesala de la depresión.
En este post te hablaré de esas situaciones, te contaré qué hacer al respecto y te ofreceré un ejercicio que te ayudará a iniciar un cambio.
El estado depresivo
Naciste con ilusión, motivación y curiosidad, si te has convertido en un adulto que no disfruta de alguna de esas palabras es que las perdiste por el camino.
Hay varios factores que pueden hacer que te encuentres sin ganas de nada. Aquí tienes algunos de ellos:
– Cuando tienes una crisis existencial. La forma en la que has enfrentado la vida se queda obsoleta, y salen a flote todos los malestares.
– Cuando has luchado mucho por ser como deberías ser, o conseguir lo que deberías alcanzar, pero no lo has logrado. Tu ideal se vuelve inalcanzable y tú te desmoronas.
– Cuando ha sucedido algo muy triste en tu vida y parece que no hay modo de volver a tener la ilusión de antes.
¿Te reconoces en alguno de ellos?
¿Qué crees pasó para llegar a este punto?
Los que hemos pasado por un estado depresivo tenemos una historia. Esta es la mía.
Recuerdo sentirme arrastrado por las obligaciones cuando era pequeño, especialmente en el colegio. Todo el sistema educativo me desmotivaba. Hacía lo mínimo por cumplir y que los adultos me dejaran en paz: memorizar los ríos de mi país, aprenderme los nombres de los presidentes, estudiar las tablas de multiplicar.
Cuando llegó el momento de entrar a la universidad estaba tan poco conectado con lo que me ilusionaba que elegí ingeniería industrial, una decisión enfocada únicamente a satisfacer a mi entorno. Decían que era una licenciatura de prestigio y que me aseguraría un buen futuro, pero se olvidaron de mencionar que el precio a pagar era desconectarme de mí mismo. Me levantaba a las siete de la mañana como un zombi y volvía a las diez de la noche en el mismo estado, solo que más cansado. Durante esos años memoricé, aprendí y estudié cosas que no me interesaban. Justo lo mismo que había hecho en el colegio años atrás.
Cansado de esa rutina sin sentido, acudí a terapia en busca de respuestas y descubrí que seguir el deber impuesto por la sociedad es la receta para perder las ganas de hacer cualquier cosa, incluso de vivir.
Me di cuenta que estaba desconectado de mis propios valores y que las cosas no tenían sentido para mí. Sentía un vacío interior. Sabía que me faltaba algo, aunque no sabía qué era y, menos aún, cómo conseguirlo.
Decidí cambiar lo que hacía, pero no fue sencillo.
Me atreví a dejar de hacer las cosas que no me gustaban y empezar otras que me gustasen, pero el patrón de cumplir las expectativas de los demás siempre salía a flote. Transformaba algo que me ilusionaba en un deber y eso mataba toda la pasión. Estaba encerrado en un círculo vicioso del que no sabía salir.
Pronto me encontré en un estado depresivo donde pensaba “no sé cómo vivir”. Fue una crisis existencial que me llevó a entender que debía cambiar no solo las cosas que hacía, sino cómo las hacía. Tenía que cambiar el enfoque de mi vida.

¿Cómo cambiar?
Pero una cosa es saber lo que tienes que hacer y otra hacerlo.
La mayoría de nosotros tenemos la misma manera de actuar ante un problema: dejarlo apartado hasta que las cosas se complican.
Entonces decidimos actuar.
En el caso que nos ocupa, es una de las peores cosas que puedes hacer.
El estado depresivo es un estado de ánimo bajo que, si se desatiende, puede agravarse, volverse patológico y hacerte caer en depresión.
Llegan entonces la falta de esperanza, la melancolía, el sinsentido de tu vida y puede que hasta pensamientos de suicidio. Desgraciadamente, muchos de esos pensamientos se llevan a cabo situando el suicidio como la primera causa de muerte no natural en España.
Salir de ese estado es todavía más difícil y necesitarás no solo terapia emocional sino acudir a la farmacología.
Se le suele atribuir a Einstein aquello de: “Locura es hacer las mismas cosas una y otra vez y esperar resultados diferentes.”
No puedes entregarte mansamente al tipo de vida que te condujo a esa alteración emocional y esperar que las cosas mejoren.
Si quieres que la falta de motivación no empeore, debes cambiar algo.
Antes que nada, es importante que acudas al médico para descartar causas no psico-emocionales, como anemias, hipotiroidismo, etc..
Una vez estés seguro de que la base es un problema psico-emocional, es necesario re-plantearte tu vida. Conectar con tus valores, deseos y necesidades.
Esto no es algo fácil y generalmente suele requerir un poco de ayuda profesional para sortear los mecanismos neuróticos que impiden lograrlo.
Un primer paso para abordar tu situación es hacer este ejercicio.
Ponte en un lugar cómodo y cierra tus ojos. Pon atención a tu respiración, a las sensaciones físicas que te produce cuando inhalas y suspiras.
Cuando estés preparado, continuando con los ojos cerrados, trae a tu mente la forma en la que vives actualmente ¿cómo estás enfrentando tu vida? ¿qué sientes cuándo te levantas? ¿cómo estás en tu trabajo? ¿cómo son tus relaciones con amistades, familia o pareja?
Después imagina cómo sería tu vida si sigues viviendo de la misma manera en 2 años.
Luego en 5 años.
¿Cómo será dentro de 10? ¿Y de 20?
Esto te permitirá ser más consciente de las consecuencias de continuar viviendo sin ganas de nada.
Al finalizar la visualización escribe en una hoja las sensaciones, emociones, sentimientos y pensamientos que te surgieron.
Ahora responde a esta pregunta:
– ¿Hasta cuándo estás dispuesto a seguir viviendo así?
Para acabar, escribe en una hoja cómo quisieras vivir y piensa en posibles estrategias que te permitan conseguir lo que quieres. Cuando las tengas ponlas sobre papel. Esto te permitirá abrir mentalmente una vía al cambio.
Hasta aquí este post sobre qué hacer cuando no tienes ganas de nada, espero que te sirva, y si tienes dificultades en tu proceso y quieres aprender a gestionarlas, estaré encantado de ser tu aliado terapéutico en mi consulta privada, aquí me tienes.
*Toda la información y recomendaciones en este post no sustituye en ningún caso a un terapeuta, psicólogo, psiquiatra o tratamiento médico.