Escúchalo Narrado
Escúchalo en Podcast con David y Clara
Has tenido un largo día.
Trabajo. Casa. Comida. Niños. Y aún sigues en pie.
Hasta que por fin te acuestas.
Cierras los ojos y el cansancio pesa.
Durante un rato, sigues dándole vueltas a la cabeza:
la conversación con tu amiga esta mañana,
el mail del trabajo que no respondiste,
y ese momento de descanso que no llegó.
Sin darte cuenta, desapareces.
Tu cuerpo sigue ahí, inmóvil, pesado, casi muerto.
Respiras: tu pecho sube y baja.
Hay silencio. Quietud.
Pero por dentro… todo se ha encendido.
1. Qué pasa cuando sueñas
Caminas por un pasillo largo que parece una oficina vacía.
Las luces parpadean.
Sabes que llegas tarde a algo importante, pero no recuerdas a qué.
Intentas abrir una puerta. Está cerrada.
Otra. También cerrada.
Al fondo escuchas que alguien pronuncia tu nombre.
Te giras. Hay una sombra.
No sabes quién es y empiezas a caminar más rápido.
La sombra también, y cada vez se acerca más.
Corres, pero el pasillo parece alargarse cada vez que avanzas.
Cuando por fin llegas a la puerta del final, la abres… y dentro estás tú misma, sentada, mirándote fijamente.
En ese momento, suena la alarma de tu móvil y se filtra en la historia del sueño por un instante.
Durante unos segundos, lo recuerdas todo. La escena. La emoción. La lógica extraña que ahora ya no encaja. Intentas mantenerlo en tu mente… pero se escapa como agua entre los dedos. En cuestión de minutos, apenas quedan fragmentos: un pasillo, una sombra, tú misma al otro lado de la puerta. Y una inquietud difícil de explicar.
A veces recuerdas, a veces no. Pero cada noche ocurre lo mismo: cierras los ojos, y por dentro, todo se ha encendido.
Y entonces te preguntas:
¿Tiene algún sentido todo esto?
2. El sentido de los sueños para la ciencia
Te preguntas si todo esto tiene algún sentido.
Porque no ha sido solo una imagen extraña. Había emoción. Había tensión. Y te despertaste inquieta.
Cuando algo así ocurre, haces lo mismo que haría cualquiera.
Comentas el sueño con alguien cercano. Lo anotas en el móvil antes que se borre del todo. Y buscas qué dice la ciencia sobre los sueños.
Y lo que encuentras es sorprendente: durante mucho tiempo, la ciencia pensó que los sueños no tenían ningún significado. Que eran simplemente ruido del cerebro mientras dormimos.
Pero esa no es toda la historia.
2.1. Los sueños solo son ruido
Abres tu portátil y buscas: “¿los sueños tienen sentido para la ciencia?” Empiezas a leer artículos y aparece un nombre que se repite una y otra vez: John B. Watson.
Un psicólogo estadounidense de comienzos del siglo XX, fundador de una corriente llamada conductismo.
Lo imaginas en su despacho, con bata, rodeado de cuadernos de laboratorio y experimentos con ratas y palomas.
Lees que no era un hombre inclinado a la introspección ni a los matices internos. Le interesaba lo que pudiera verse, medirse o reproducirse en un laboratorio.
Criado en un entorno duro y con una educación estricta, desarrolló una idea muy clara de cómo debía funcionar la psicología:
El comportamiento sí.
Las reacciones del cuerpo, también.
Pero las emociones, los sentimientos o los sueños… no.
Porque los sueños ocurren en la oscuridad de la mente y no se pueden medir ni reproducir en un laboratorio.
Entonces entiendes la conclusión de Watson: si algo no puede observarse, no pertenece a la ciencia. Bajo esa mirada, los sueños eran simplemente ruido del cerebro mientras duermes.
Piensas mientras miras lo que acabas de leer en la pantalla de tu ordenador:
Si Watson tenía razón, entonces mi sueño inquietante del pasillo… no tiene ningún sentido.
Solo sería ruido en mi cerebro mientras dormía.
Pero algo no termina de encajar y te preguntas:
¿Y si otros investigadores descubrieron algo diferente?
2.2. El sueño es un fenómeno biológico
Abres una nueva pestaña, buscas y descubres que algo empezó a cambiar a mediados del siglo XX.
Encuentras que, en 1953, dos investigadores, Eugene Aserinsky y Nathaniel Kleitman, hicieron un descubrimiento inesperado mientras estudiaban el sueño en un laboratorio de la Universidad de Chicago.
Mientras observaban a personas dormidas, detectaron un fenómeno curioso: durante ciertos momentos del sueño, los ojos comenzaban a moverse rápidamente bajo los párpados cerrados.
A ese estado lo llamaron REM (Rapid Eye Movement, movimientos oculares rápidos).
Pero lo más interesante no era solo el movimiento de los ojos.
Cada vez que despertaban a alguien durante esa fase, la persona estaba soñando.
Sigues leyendo y entiendes por qué aquel descubrimiento fue tan importante.
Por primera vez, los sueños quedaban vinculados a algo medible en el cuerpo: movimientos oculares rápidos, cambios específicos en la actividad cerebral, un patrón reconocible en los registros eléctricos del cerebro.
Son un estado biológico concreto que podía observarse en el laboratorio.
Mientras avanzas por el artículo, te das cuenta de que la ciencia deja de preguntarse qué sentido tienen las imágenes de los sueños para centrarse en qué ocurre en el cerebro cuando aparecen.
Watson te dice que no tienen sentido, y ahora descubres que tienen una explicación biológica. Pero eso no responde a tu duda sobre el sentido de las imágenes y tu sensación de inquietud al despertar.
2.3. El sueño es un delirio normal
Continúas con tu búsqueda, y ahora te topas con J. Allan Hobson, el típico profesor de ciencias que entra en la sala con una bata blanca. Más interesado en gráficos, electroencefalogramas y neurotransmisores que en relatos oníricos.
Abres uno de sus trabajos y descubres que su enfoque habla de neurobiología.
Lees que, junto al psiquiatra Robert McCarley, propuso en 1977 la llamada Teoría de Activación-Síntesis: dieron una explicación neurológica a la idea de Watson: los sueños eran ruido.
Intentas entender la teoría y pasas un rato leyendo hasta que empiezas a captar la idea.
Según Hobson, cuando entras en la fase REM del sueño, una parte profunda del cerebro se activa y empieza a enviar señales al azar. No hay intención ni mensaje. Solo actividad.
Entonces ocurre algo curioso: el cerebro intenta ordenar ese caos. Hace lo que siempre hace cuando recibe información confusa: construir una historia que tenga sentido, aunque todo parta de actividad aleatoria.
Te detienes un momento y vuelves a pensar en tu sueño del pasillo.
La sombra.
La puerta.
Tú misma mirándote al otro lado.
Todo tu sueño sería un subproducto accidental de actividad cerebral.
Hobson describía el sueño REM como un “delirio normal”: un estado en el que el cerebro genera experiencias intensas, extrañas y a veces incoherentes sin que exista un mensaje detrás.
Durante décadas, esta explicación se convirtió en la postura dominante de la ciencia.
Empiezas a pensar que quizá no vale la pena seguir intentando saber si tu sueño tiene algún sentido, ni entender la inquietud con la que te despertaste.
Tal vez sea simplemente esa tendencia humana a intentar encontrar sentido en todas las cosas.
Después de todo, eso es lo que has leído hasta ahora.
Para Watson, los sueños eran solo ruido.
Para Aserinsky y Kleitman, los sueños eran un fenómeno biológico medible.
Y para Hobson, los sueños eran un “delirio normal” del cerebro.
Suspiras y estás a punto de cerrar la tapa del portátil.
Pero justo antes de hacerlo te viene la mente una última pregunta:
¿qué dice la ciencia más reciente sobre los sueños?
2.4. La visión científica actual
Retomas tu búsqueda y tecleas en Google: investigaciones recientes sobre el sentido de los sueños.
Encuentras estudios más recientes en los que los investigadores ya no se preguntan solo qué ocurre en el cerebro cuando soñamos, sino qué contienen los sueños.
Aparece entonces otro nombre: Calvin S. Hall.
Lees que durante décadas reunió y analizó miles de relatos de sueños.
No los interpretaba.
Los contaba, los clasificaba y buscaba patrones.
Y descubres algo sorprendente: tus sueños no son tan caóticos como se pensaba. En ellos casi siempre apareces tú y personas que conoces, escenarios que te resultan familiares y situaciones que tienen que ver con tus preocupaciones actuales: conflictos, miedos y deseos.
Entonces te preguntas: si no es tan aleatorio ¿por qué me persigue una sombra?
Sigues leyendo y encuentras que el neurocientífico Antti Revonsuo observó que muchos sueños incluyen amenazas o persecuciones. Propuso que el sueño podría funcionar como un simulador donde el cerebro ensaya cómo percibir y responder ante situaciones difíciles.
Te quedas pensando un momento.
Hasta ahora habías leído que los sueños podían ser ruido.
Que podían ser un fenómeno biológico.
O incluso un “delirio normal” del cerebro.
Pero ahora es diferente y la ciencia contemporánea dice que tus sueños reflejan preocupaciones reales, que ayudan a ensayar situaciones emocionales y que participan en el procesamiento de experiencias importantes.
Pero tu curiosidad no se detiene ahí. Encuentras un detalle importante: los científicos no pueden estudiar las imágenes del sueño mientras ocurren, sino el relato que las personas hacen al despertar.
Para la ciencia, eso es una limitación. Investigadores como William Domhoff o John Antrobus han insistido mucho en este punto: cualquier estudio sobre el “contenido” de los sueños se basa siempre en un relato subjetivo.
Te detienes un momento en esa idea.
Y te das cuenta de que, siempre que intentas recordar un sueño, lo reconstruyes: intervienen tu memoria, tus sesgos y la manera en que lo cuentas.
Para la ciencia, eso es una limitación que complica cualquier estudio riguroso. Pero entonces te preguntas: ¿y si ese límite, visto desde otro lugar, fuera precisamente el punto de partida?
3. El sentido de los sueños en psicoterapia
Decides ampliar tu búsqueda y mirar los sueños desde otro lugar: la psicoterapia.
Y lo primero que te sorprende cuando empiezas a explorar esta perspectiva es algo curioso: todo lo que dificultaba el estudio científico de los sueños (la memoria imperfecta, los sesgos, la forma en que los narramos) es exactamente lo que la psicoterapia escucha con más atención.
Ese límite que para la ciencia es un problema metodológico es, para la psicoterapia, el material de trabajo.
Porque en terapia lo que importa no es la precisión del relato, sino cómo lo recuerdas, cómo lo cuentas y qué significado tiene para ti. El sueño se escucha como una historia.
Una historia que habla de tu mundo interior:
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- las tensiones que sostienes en silencio,
- las decisiones que postergas,
- los conflictos que aún no has resuelto.
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3.1. Los sueños son símbolos
Sigues explorando cómo entiende la psicoterapia los sueños. Y poco a poco encuentras una idea esencial: en terapia, los sueños no se escuchan literalmente.
Hablan a través de imágenes.
Se entienden como símbolos.
Formas a través de las cuales algo de tu mundo interior encuentra una manera de expresarse.
Entonces vuelves a pensar en tu sueño: el pasillo, la sombra, la puerta…
Y te preguntas ¿cómo se entiende un símbolo así? ¿existe un diccionario que diga qué significa cada imagen?
Entonces aparece una advertencia importante en lo que estás leyendo: un símbolo no funciona como un signo, que equivale a una definición fija.
El sentido de un símbolo depende de quién lo sueña, de su historia y del momento de vida que está atravesando.
Te planteas que, si los símbolos funcionan así, no existe un diccionario universal donde “sombra” signifique siempre lo mismo, y quizás el significado del sueño no se impone en terapia.
Porque el símbolo no da una respuesta cerrada.
Más bien abre un espacio para comprender aquello que hasta entonces solo aparecía como inquietud.
3.2. Para qué sirve trabajar los sueños en terapia
Y entonces empiezas a entender para qué puede servir trabajar tus sueños en terapia.
Los sueños no suelen mostrarte tus conflictos de frente, sino que mediante el símbolo te los van acercando poco a poco.
Así, empiezas a reconocer y conectar con eso que te está pasando por dentro.
Y lo que antes solo se sentía como inquietud, bloqueo o tensión empieza a tener forma y palabras:
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- Quizá descubres una rabia que llevabas días tragándote y que en el sueño aparece como una sombra que te persigue.
- O reconoces aquel patrón en el que vuelves a callarte, a ceder o a alejarte justo cuando algo importante te afecta.
- O ves que sigues protegiéndote de una herida antigua con una defensa que antes te ayudó, pero que hoy te encierra más de lo que te cuida.
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Los sueños también te ayudan a recuperar la relación con tu propio lenguaje simbólico. A volver a escuchar una parte más profunda de ti, que se expresa con imágenes, escenas y emociones.
Y a partir de ahí se abre una posibilidad de cambio.
Ahora, después de todo lo que has leído sobre la ciencia y la psicoterapia, cierras la pantalla del ordenador y piensas que quizá esa versión de ti misma que aparece al final del pasillo, sentada y mirándote fijamente, no sea solo una imagen inquietante, sino una parte de ti que necesita ser reconocida para que algo en tu vida pueda empezar a cambiar.
Cada noche, cuando sueñas, una imagen aparece en la oscuridad.
A veces la olvidas en minutos.
A veces te deja solo una emoción difícil de explicar.
Y a veces, como en ese pasillo del sueño, te deja frente a algo de ti que todavía no sabes cómo mirar.
Si quieres explorar lo que tus sueños intentan decir sobre ti, puedo acompañarte.
En terapia trabajaremos tus sueños no con diccionarios ni significados prefabricados, sino a partir de tu historia, tu momento vital y el sentido que esas imágenes tienen para ti.
Cuando sientas que ha llegado el momento de escucharlos, puedes escribirme aquí.
Estaré encantado de acompañarte en ese camino.
*Toda la información y recomendaciones en este post no sustituyen en ningún caso a un terapeuta, psicólogo, psiquiatra o tratamiento médico.


